El castillo de San Gabriel es uno de los emblemas de la capital de Lanzarote(Arrecife), fue construido en el año 1573 pero el aspecto actual se lo debemos a la remodelación realizada por Leonardo Torriani por encargo de Felipe II, durante estos años ha pasado de ser fortaleza a museo de Arqueológico y Etnográfico y actualmente en sala de arte ,en estos momentos con la exposición de los alumnos del ciclo superior de esculturaviernes, 2 de octubre de 2009
Castillo San Gabriel
El castillo de San Gabriel es uno de los emblemas de la capital de Lanzarote(Arrecife), fue construido en el año 1573 pero el aspecto actual se lo debemos a la remodelación realizada por Leonardo Torriani por encargo de Felipe II, durante estos años ha pasado de ser fortaleza a museo de Arqueológico y Etnográfico y actualmente en sala de arte ,en estos momentos con la exposición de los alumnos del ciclo superior de esculturaviernes, 11 de septiembre de 2009
La foto que no mostré y que relato.No se donde fui, ni se donde me llevaron, pero me estremeció y sé que siempre permanecerá en mi recuerdo.
El camino era cada vez mas estrecho. Pasamos las generosas higueras a la izquierda, y los bellos prados floridos a la derecha.
Pasamos los muros al borde de la carretera y los secaderos de frutas.
Llegamos a la viejísima casa de la abuela y allí, justo allí sin verse, enfrente de la casa, una vereda.
A modo de adoquines negros el sendero y el patio. Allí sacamos la merienda.
El resto del camino a pie rodeados de huertos antiguos y abandonados cultivos, entre los liquenes y piedras.
Todo fantástico hasta llegar a las escaleras.
Allí el profundo precipicio vertical y en su fondo las salinas y las playas. Allí el mar. Allí el río y la Graciosa. Allí un nuevo Lanzarote en toda su belleza y esplendor.
A nuestro lado los piares de los pájaros y las conversaciones de los amigos, los olores de lavanda y la tortilla de patatas, sardinas escabechadas y como no champaña.
Juntos por breves momentos viendo la puerta de sol. Oyendo los recuerdos de cuando los abuelos iban a mariscar y a por sal. Observando la desaparecida existencia del motivo y la colonización turística de la Graciosa. Imaginando la delicia de los años pasados en sus bellísimas y transparentes aguas.
Al despedirnos todo cobró vida y pudimos ver conejos saltando y escabulléndose por las laderas.
juana luengo
del mar ... LAS SALEMAS
Las salemas“El pescado se come con las manos”, me decía mi abuelo, “tienes que sentir cómo se deshace el trozo en tus dedos, así no se te escapará ni una espina”. Cerrando los ojos vuelvo a revivir aquella sensación, lo sacaba del caldero junto con las papas y la batata y me lo servía en un plato; “ahora”, decía, “coge un trozo, quítale las espinas de los lados, llévate el trozo a la boca y mastícalo despacio por si quedó alguna espina traicionera que se quiera colar en tu garganta”.El sabor siempre me pareció tan particular. Después de unos días embarrado de sal, otro de remojo para quitársela; no lo entendía, poner para quitar después. Más tarde me enteraría de que lo hacían para conservar el pescado y que no se les estropeara al no existir neveras que hoy lo sustituían por la sal; por eso se empeñaba en hacer para deshacer.En este momento pienso que no debería estar escribiendo más sobre pescado ni casi nada, se me está yendo la inspiración. Me duele la muñeca de tanto escribir, abandonada por las musas, medio adormecida por la merienda estupenda que nos prepararon. ¡Por fin! María me dice que vayamos cenando, ahora sólo queda el minutito final y después pasar línea. ¡Ya!
Pilar San Luis
Lanzarote según Vázquez Figueroa
Me ha gustado ver este video donde el escritor Vázquez Figuero habla de su vida y de su amor por Lanzarote
TRADICIÓN
Isabel BeginesTRADICIÓN Como cada vez que paseaba por aquel camino veía los campos cubiertos de piedra volcánica, los pequeños muritos de piedra y las resecas viñas, se preguntaba cómo los antiguos moradores de aquellas tierras habían llegado a construir Aquila forma de vida, aquellos paisajes que él tanto disfrutaba en sus largas caminatas. Daba igual si el día era gris o luminoso, el paisaje envolvente cobraba personalidad e importancia en los paseos terapéuticos que le habían recomendado. Ni comprendía bien por qué de pronto era tan consciente de la inmensidad en la que se encontraba totalmente inmerso. Nunca antes, nunca en otro lugar, había experimentado tal conexión con un lugar, con una forma de vida y de entender lo que nos rodea. En los paseos veía mujeres que sólo dejaban ver sus ojos y la punta de sus dedos, perros famélicos que ladraban para proteger las exiguas propiedades de sus dueños y viento.
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