Las salemas“El pescado se come con las manos”, me decía mi abuelo, “tienes que sentir cómo se deshace el trozo en tus dedos, así no se te escapará ni una espina”. Cerrando los ojos vuelvo a revivir aquella sensación, lo sacaba del caldero junto con las papas y la batata y me lo servía en un plato; “ahora”, decía, “coge un trozo, quítale las espinas de los lados, llévate el trozo a la boca y mastícalo despacio por si quedó alguna espina traicionera que se quiera colar en tu garganta”.El sabor siempre me pareció tan particular. Después de unos días embarrado de sal, otro de remojo para quitársela; no lo entendía, poner para quitar después. Más tarde me enteraría de que lo hacían para conservar el pescado y que no se les estropeara al no existir neveras que hoy lo sustituían por la sal; por eso se empeñaba en hacer para deshacer.En este momento pienso que no debería estar escribiendo más sobre pescado ni casi nada, se me está yendo la inspiración. Me duele la muñeca de tanto escribir, abandonada por las musas, medio adormecida por la merienda estupenda que nos prepararon. ¡Por fin! María me dice que vayamos cenando, ahora sólo queda el minutito final y después pasar línea. ¡Ya!
Pilar San Luis
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