viernes 11 de septiembre de 2009

Caminando por Lanzarote

Carreño
HIGUERA-Cada vez que paro junto a una higuera repito la misma frase. El olor de la higuera es mi favorito en el mundo. Me embriaga. No es un olor de la infancia, como los pinos segovianos o la contaminación de Madrid. Es un aroma adoptado, heredado, que he hecho mío.Una higuera invita a descansar. Y la veo siempre cuando entro al Monumento al Campesino. Es modesta, retorcida y ofrece sus frutos, a veces. También había higueras en los bordes de la carretera de La Geria, que cayeron con la ampliación. O puede que las trasladaran. Poco recuerdo de aquella excursión en la guagua de Leo Bassi, además de la tristeza que me produjo la amenaza a la vida de las higueras centenarias.También me gustan los higos. Son una fruta muy sensual, dulce, y con una textura y un color especiales, carnales, diferentes. No me gustan secos, es como la pura juventud envejecida, es en lo que un día nos convertiremos todos. No debo levantar el boli del papel pero indefectiblemente llego a un punto en el que me paro en seco. Si pudiera releer con tranquilidad el texto podría arrancar de nuevo pero Natalie Goldberg es tajante al respecto.

1 comentarios:

  1. Myrian me ha gustado tu relato y conparto la admiración por las higueras. Seguro que recuerdas aquella poesía que nos enseñaban de niñas: por que es aspera y fea, por que todas sus ramas son grises, yo le tengo piedad a la higuera. En primavera todo se vuelve.. de color en torno a la higuera... Nunca pude comprender quien pudo escribir eso de la higuera ya que yo la veo siempre bella y que ante la adversidad subsiste.
    En relación con la recomendación de Natelie creo que su aportación es la de "dejarse fluir" la de "relajarse". Mi comentario es porque aprecio en expresión -indefectiblemente.... - una tensión y un condicional y eso es un impedimento para que se siga escribiendo. ¿has plantado una higuera?
    saludos

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